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Ver el recursoConviene ser concreto, porque la frase de que el inglés abre puertas se repite tanto que ya no dice nada. Lo que abre son cosas medibles. Un porcentaje enorme de las ofertas de trabajo mejor pagadas en cualquier país lo piden, y en muchas empresas es lo que separa un puesto local de uno con proyección internacional. No es que te convierta en mejor profesional: es que sin él quedas fuera del proceso de selección antes de que alguien lea el resto de tu currículo.
Después está el acceso a la información. La mayor parte de la documentación técnica, los cursos universitarios abiertos, la investigación científica y los manuales de casi cualquier oficio se publican primero en inglés, y muchos nunca se traducen. Quien lo entiende no espera a que alguien traduzca: lee el original el día que sale. Esta misma lista lo demuestra — hay universidades que regalan cursos completos, con certificado incluido, a quien pueda leerlos.
Y hay algo menos visible que importa igual. Aprender otro idioma obliga a darse cuenta de que tu manera de decir las cosas no es la única posible, y eso cambia cómo piensas. Hay ideas que en otra lengua se expresan con una sola palabra y en la tuya necesitan una frase entera. Viajar, trabajar con gente de otros países o simplemente entender una conversación ajena deja de ser un trámite y pasa a ser una forma distinta de estar en el mundo.
Nada de eso exige matricularse en una academia ni pagar una cuota mensual. Exige constancia, que es más difícil y más barato. Los veinte recursos de arriba están todos disponibles ahora mismo, sin coste, y bastan de sobra para llegar lejos si se usan con un poco de criterio.
Es la conclusión más incómoda de haber revisado uno por uno, y conviene decirla antes que cualquier otra cosa. No existe en esta lista un recurso que te lleve de cero a hablar inglés. Cada uno cubre una parte y deja huecos enormes en el resto, y quien elige uno solo y se aferra a él acaba con un inglés desequilibrado: entiende y no habla, o habla y escribe mal, o sabe gramática y no entiende a nadie.
La razón es sencilla. Aprender un idioma son varias habilidades distintas que se entrenan por separado: entender lo que oyes, entender lo que lees, producir frases al hablar, producir frases al escribir, y sostener todo eso con vocabulario y gramática. Una aplicación de tarjetas no te enseña a conversar. Un intercambio con nativos no te explica por qué una frase está mal. Un corrector de escritura no mejora tu oído.
Por eso la pregunta útil no es cuál es el mejor de los veinte, sino qué combinación te falta ahora mismo. Y esa respuesta cambia según dónde estés.
Si empiezas de cero, tu enemigo no es la dificultad: es el abandono. Casi todo el mundo deja de estudiar en las primeras semanas, y ningún método funciona si no se sostiene. Lo primero es una aplicación que te haga volver cada día, aunque sean cinco minutos, y un recurso de gramática con explicaciones cortas para entender lo que la aplicación te hace repetir sin explicar. Añade audio a velocidad reducida desde el principio, aunque entiendas poco: el oído tarda meses en despertar y cuanto antes empiece, mejor.
Si ya te defiendes pero no entiendes a la gente real, tienes un problema muy concreto y muy común. Estudiaste con locutores profesionales que articulan, hacen pausas y proyectan la voz, y la vida no funciona así. Lo que necesitas es escucha con hablantes de distintos países, distintas edades y velocidad natural. Añade noticias graduadas por nivel para tener material nuevo cada día y un buscador de pronunciación para resolver dudas puntuales sobre cómo suena algo en boca de gente real.
Si entiendes y lees bien pero te bloqueas al hablar, ya no necesitas más material de estudio: necesitas usar el idioma con alguien. Un intercambio con hablantes nativos resuelve eso sin coste, y tu español es la moneda con la que pagas. Mantén al lado un diccionario con audio para las palabras que descubras durante las conversaciones, y un sistema de repaso para que no se te olviden a la semana siguiente.
Si necesitas el inglés para trabajar o estudiar fuera, el recorrido es otro. Empieza por saber qué examen te piden y a qué nivel corresponde, porque estos exámenes cuestan cientos de euros y no son intercambiables. Después, material de inglés de negocios o académico según tu caso, y un corrector de escritura para los correos y documentos que vas a producir. Si te hace falta algo verificable en el currículo, hay cursos gratuitos que entregan certificado sin cobrar, y otros que cobran solo el documento.
Gratis no significa lo mismo en todas partes. Hay plataformas donde todo el contenido está abierto y no existe versión de pago. Hay otras donde estudiar es gratis pero el certificado se cobra. Otras que son gratuitas con publicidad y con un límite diario de ejercicios. Y algunas donde lo gratuito cubre casi todo excepto justo la habilidad más difícil de automatizar, que es hablar. Ninguno de esos modelos es deshonesto, pero conviene saber cuál tienes delante antes de invertir meses.
Un certificado gratuito casi nunca es una acreditación oficial. Hay documentos que prueban que recorriste un curso, insignias que exigen aprobar cuestionarios, y certificados que se compran por dos euros y no valen ante ninguna institución. Ninguno sustituye a un examen internacional reconocido si lo necesitas para una universidad, un visado o un puesto de trabajo. Antes de contar con cualquier documento, comprueba si la institución concreta a la que se lo vas a presentar lo acepta.
Estás mezclando variedades de inglés sin darte cuenta. Es el error silencioso de quien aprende por su cuenta: un sitio de escucha estadounidense, un sitio de gramática británico, un diccionario de un lado y una serie del otro. El resultado es una ortografía y un vocabulario incoherentes que un lector nativo detecta enseguida. Elige una variedad según tu objetivo real y mantenla en todo: en la pronunciación que imitas, en el diccionario que consultas y en el corrector que usas.
Los niveles no significan lo mismo en cada sitio. Una plataforma llama nivel intermedio a lo que otra clasifica como B1, y hay recursos que ordenan sus niveles por número de palabras conocidas en lugar de por el Marco Común Europeo. Hay incluso sitios cuyos niveles no forman una escalera continua. No te alarmes si bajas un escalón al cambiar de recurso: no has retrocedido, estás midiendo con otra regla.
El fallo más caro no es elegir mal el recurso: es olvidar lo aprendido. Estudias una semana, avanzas, y dos meses después no queda casi nada. Ocurre porque el olvido es rapidísimo en los primeros días y casi todos los recursos están diseñados para enseñarte algo nuevo, no para que retengas lo anterior.
La solución es barata y consiste en añadir una pieza que casi nadie añade: un sistema de repaso espaciado donde metas lo que vas encontrando en los demás recursos. La palabra que buscaste en el diccionario, la expresión que oíste en un audio, la estructura que fallaste en un ejercicio. Cinco minutos diarios de repaso rinden más que una hora de material nuevo.
El segundo error frecuente es estudiar solo lo que resulta cómodo. Si te gusta la gramática, harás gramática; si te gusta escuchar, escucharás. Y la habilidad que evitas es justamente la que te va a frenar. Cuando elijas por dónde seguir, entra por la que peor llevas, no por la que más disfrutas.
Y el tercero es esperar a estar preparado para usar el idioma. No hay un momento en que uno esté listo: se empieza a hablar mal y se mejora hablando. Cualquiera de los recursos de conversación de esta lista funciona antes de lo que crees, y postergarlo es lo que hace que gente con años de estudio siga sin poder mantener una charla de cinco minutos.
Cada ficha se escribió consultando la página oficial del recurso, no artículos de terceros ni otras listas. Cuando una plataforma declara un límite, un precio o una condición, aquí aparece tal como la declara, con la fecha de consulta indicada dentro de la publicación.
Eso explica algunos hallazgos que no suelen aparecer en otras comparaciones: sitios cuyos niveles no funcionan como una escalera, cambios recientes en los límites de uso de una aplicación conocida, o advertencias que el propio desarrollador publica sobre imitaciones de su programa en las tiendas de aplicaciones.
Las plataformas cambian sin avisar. Si al entrar encuentras algo distinto de lo que se describe aquí, manda la página oficial: es la fuente, y esta lista es solo un mapa para llegar hasta ella.
Aviso. Este sitio es informativo. No somos ninguna de las instituciones ni plataformas mencionadas, no las representamos y no intermediamos matrículas ni inscripciones. Podemos recibir remuneración por algunos enlaces; eso no cambia el contenido de las fichas ni el orden en que aparecen.
Los datos de cada ficha se tomaron de la página oficial del propio recurso, y la fuente concreta se indica debajo del panel de datos de cada publicación, con la fecha de consulta. Las plataformas cambian condiciones, secciones y precios sin aviso: confirma siempre en el sitio oficial antes de empezar.
Riesgo a tener en cuenta: un recurso gratuito no equivale a una certificación. Ninguna de estas plataformas sustituye un título reconocido si lo necesitas para trabajo, visado o estudios. Antes de pagar por cualquier versión premium, comprueba qué parte del contenido ya estaba disponible gratis.